martes, 6 de octubre de 2009

* No recuerdo olvidarte

El constante cuestionamiento de nuestro entorno puede llevarnos a estados anímicos muy curiosos, son como un gran pote lleno de caramelos, de todos los sabores existentes y además aquellos que están por existir, pero estos caramelos no sólo se distinguen por sus sabores, el frasco parece la fusión de miles de arcoiris comprimidos en un espacio tan reducido para tanta magia, es un prisma de colores inimaginables.Como todo ser humano nos vemos tentados a meter la mano en aquella magnífica curiosidad puesta frente a nosotros sin saber aún distinguir qué preferir, será acaso mejor irse por aquello seguro, buscar aquel caramelo formado por el mejor resplandor que nuestras papilas gustativas pueden disfrutar y al mismo tiempo esté envuelto por ese color que nos atrapa por su singularidad, cautivándonos permanentemente cada vez que se pone ante nuestros ojos, o quizás lo indicado sería fundirse en el misterio del azar. Ingresar la mano, cerrar los párpados, absorver el roce para finalmente tener en nuestro poder el caramelo y comerlo. Pero qué nos espera si hacemos ésto, nos esperará, como un perro fiel espera en el atardecer a su dueño que regrese a casa, infinitasincertidumbres, mas quién sabe si aquello es bueno o malo, nadie. El punto es que son precisamente éstas las que nos conducen a nuevos caminos, son senderos llenos de sorpresas de diferentes prismas, sin embargo, cuál sería el parámetro para definir qué caramelo escoger o realmente qué caramelo nos escogerá a nosotros*

1 comentario:

M. dijo...

muchas preguntas, la misma duda, las infinitas respuestas, los indeterminados escenarios